Prevenir y minimizar el Síndrome de Alienación Parental

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Hoy en día son tantas y tantas las ex parejas que después de la separación se ven envueltas en un ir y venir de enfrentamientos teniendo como moneda de cambio a sus propios hijos para hacer daño a la persona con la que un día decidieron compartir su vida y traer sus hijos al mundo, es por ello que debido a ese chantaje inmaduro y falto de sentido común son muchos lo hijos que sufren este síndrome y con ellos los padres o madres victimas de esa alineación. El “SAP” es un trastorno que padecen los hijos de padres separados cuando uno de los dos progenitores utiliza estrategias diversas, capaces de crear en los niños: miedo, inseguridad, desconfianza, crisis de angustia, fobias, etc. Todo ello va orientado, de forma más o menos consciente, a que empeore o se malogre la relación fluida, positiva y de confianza con el otro progenitor. El “SAP” surge normalmente en el contexto de las disputas, trifulcas y luchas por todo lo referente a la guardia y custodia de los hijos.

Es un síndrome consecuencia de la falta de mutua empatía, madurez psíquica y generosidad de los padres. Para minimizar los efectos del “SAP” y mucho mejor, para prevenirlo, propongo la reflexión sobre los siguientes puntos:
• Si os divorcias o separáis, hacedlo bien; sin egoísmo, pensando que es cosa de dos y que llegar a un acuerdo bien pensado y pactado con generosidad y sentido común por ambas partes, tiene todas las ventajas para vosotros, para los hijos y para toda la familia.

• Antes de la separación o del divorcio, intentad encontrar respuestas claras a las posibles preguntas que puedan hacerse los niños y pensad con el tacto que debéis responder y en la tranquilidad y seguridad que debéis proporcionarles ya desde el principio. Hay que estar dispuestos a dar todo tipo de respuestas a las preguntas que se harán los niños, adaptándolas a su edad.

• Mejor, adelantarse a las preguntas e inquietudes que empiezan a manifestarse, dando una explicación cuidadosa y no demasiado detalla del estado de las cosas.

• No ofrezcáis como causa de la separación un único problema porque a los hijos les parecerá trivial y sin importancia esa leve causa. Se deben apoyar con razones más consistentes que convenzan al niño de que es preferible la separación a mantener un estado de constante tensión y desencuentros en el hogar.

• Sed siempre sinceros con los hijos para que sean conscientes de los problemas reales que han surgido en la difícil convivencia y que los mismos niños han presenciado y vivido, comprobando que la convivencia era cada vez más crítica y problemática.

• Hacedles ver a los hijos que si la convivencia se ha hecho tan problemática y difícil que los padres no son felices; tampoco serían felices los hijos si las cosas no cambian, la figura del mediador o psicólogo de familia es determinante y siempre debe estar presente en la separación y el divorcio.

• Dejadles muy claro a vuestros hijos que no habrá menoscabo ni de atenciones, ni de amor, ni de cuidados y que los recibirán con la misma frecuencia e intensidad que siempre.

• Debéis saber que, a cualquier edad, los hijos que ven que se rompe la unidad familiar, sienten una intensa inseguridad, temor y culpabilidad, y a veces se culpan tanto que se deprimen pensando que su conducta, sus malas notas, etc, han sido la causa de la separación.

• Las relaciones de agresividad, tristeza, miedo, angustia, falta de apetito, etc. son la expresión del temor a que sus padres, al estar tan ocupados en sus problemas y desencuentros les abandonen y se despreocupen de ellos.

• Si sus padres se han cansado de vivir el uno con el otro, también pueden cansarse de cuidarles, protegerles y quererles.

• Desaparecen los miedos, angustias y síntomas psicosomáticos, si a pesar de la separación permanece:

a) El mutuo respeto, buenos modales y buenas formas.

b) Valoración positiva del otro cónyuge ante los hijos.

c) Acuerdo y consenso pleno en todo lo referente a la guarda y custodia.

d) Acuerdos responsables en la peor situación para los hijos que es cuando viven a grandes distancias; por ejemplo: el padre vive en Cádiz y la madre en Lugo.

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