106.    Nada verdaderamente importante y valioso se hizo sin optimismo, sin esa tenacidad inteligente de tantas personas luchadoras, revestidas de entusiasmo y coraje. Resulta patético que algunos “intelectuales” pregonen excelencias del pesimismo y sean tan críticos con el optimismo, que consideran un estado angelical, iluso, estúpido y pretencioso y propio de visionarios y pardillos. Un optimista vital como Alejandro Dumas dijo: “La vida es fascinante: sólo hay que mirarla a través de las gafas correctas”.

107.    Puedes llenar tu existencia de entusiasmo, luz y esperanza o ennegrecerla de nubarrones de temores, preocupaciones y desolación. Tienes el enorme privilegio de elegir tu propia actitud en cada momento. Si eres inteligente y práctico, te decantarás por el optimismo vital que te reportará beneficios incontables como: Mas fuerza para no caer en depresión, tener un sistema inmunológico más potente, estados emocionales positivos, menor desgaste cardiovascular, más posibilidades de éxito, etc.

108.    El temor nos paraliza y nos impide disfrutar de la felicidad a la que hemos sido destinados y nos impide disfrutar de las pequeñas cosas de cada día. Si cada día temes morir, nunca aprenderás a vivir ni descubrirás el gran secreto para ser feliz y que es: Vivir la vida terrenal presente como si cada día fuera una eternidad a la espera de que la otra eternidad no terrenal, sea nuestro destino y felicidad completa.

109.    Todo cobra sentido, todo se renueva y llena de contenido a la luz del amor. Yo suelo decir que cuando “somos amor”, ya estamos completos y lo somos todo. El amor nos transforma, vivifica y nos proporciona una nueva dimensión antes desconocida. Puedes perderlo todo, pero si en tu corazón arde con fuerza la llama de un amor incondicional, conservarás tu optimismo, esperanza, ganas de vivir y de sonreír.

110.    Todos necesitamos de nuestros semejantes; el “yo” necesita al “tú” y al “nosotros”. No hay existencia sin coexistencia. No somos islas que nos bastemos por nosotros mismos y cualquier ser humano es un pedazo del “todo”  y como individuo tiene que desarrollar todas sus potencialidades, valores y habilidades, en beneficio propio y de los demás.

111.    He tardado demasiado tiempo en descubrir la hercúlea fortaleza de la dulzura, tan bien ataviada de suavidad y serenidad en las formas, pero pletórica de seguridad, solidez, voluntad y valentía. Por el contrario, en la grosería, la violencia cobarde, la ira desatada del rostro retorcido y demudado, de quien respira odio, rencor y deseos de venganza, he descubierto agazapado a un alfeñique cobarde, miserable y sin entrañas. Te invito a que, desde hoy lleves a tu vida, la hercúlea fortaleza de la dulzura.

112.    Somos lo que es nuestra fuerza de voluntad, que es al mismo tiempo, soporte y motor de la pasión y del entusiasmo. La voluntad es polivalente y omnipresente y según la utilidad que hagamos de ella, nos hace grandes o pequeños, dignos o indignos, señores o esclavos, felices o desgraciados.

113.    La falta de autenticidad de quien vive por y para el engaño, es sin duda la mayor prueba de cinismo. Quien obra de espaldas a la verdad o niega la evidencia, no sólo miente y se traiciona a sí misma, sino que no tendrá el menor reparo en traicionar a los demás. Decir la verdad, aunque se pague un precio, dignifica a la persona, revitaliza el espíritu y activa la alegría de vivir.

114.    La confianza es un valor que sólo se gesta en las mentes positivas y en los corazones nobles y esforzados. Por el contrario, desconfiar de todo y de todos, que algunos consideran como una actitud precavida e inteligente, he observado que es uno de los rasgos característicos de personalidades débiles, pusilánimes e inseguras. ¿Cómo podemos confiar de quien no se fía de nadie? La confianza y la esperanza en sí mismo y en los demás y la misma vida, siempre exige nobleza, bondad y valentía.

115.    La calma, es al mismo tiempo coraje, fuerza callada y fortaleza de espíritu, siempre latente en los corazones grandes y valientes de los ecuánimes, mansos y pacíficos. Los violentos interpretan no pocas veces que la calma equivale a debilidad y cobardía, cuando en realidad la serenidad es coraje y fortaleza y el resorte más valioso de los optimistas vitales que encuentran en el ánimo sosegado su verdadera fuente de energía y vitalidad.

116.    La paciencia, que algunos consideran la mayor de todas las virtudes, al igual que sus hermanas gemelas, la calma y la paz interior, son las virtudes que adornan a las personas verdaderamente fuertes, tonificantes y que yo llamo “personas medicina”.

117.    El esfuerzo, fiel aliado de la fuerza de la voluntad y del entusiasmo, siempre está presente en toda acción verdaderamente eficaz para lo cual, además, debemos tener claro las metas hacia las que nos dirigimos, los beneficios que obtendremos, medios con los que contamos, etc. Por grandes que sean las dificultades, el esfuerzo aliado con la voluntad, lo pueden todo.

118.    Alegría, benevolencia, entusiasmo y paciencia, como máximos dividendos del bienestar humano. Porque nos llevan a ser impecables y cuidadosos en nuestras palabras, nos capacitan para no tomarnos nada de forma personal, no hacer demasiadas suposiciones y  poner en todo la máxima voluntad y esfuerzo.
   
119.    Nadie es forjador de su destino, ni puede crearse a sí mismo cada nuevo día, sin la libertad interior que adquiere por derecho propio, todo aquel que es dueño de sí mismo y ni depende de qué dirán, ni de las alabanzas y desprecios de nadie. Por tu propio bien, sé fiel a ti mismo, a tus principios y a la verdad.

120.    Pensar bien y desear el bien… ya es ¡¡HACER EL BIEN!!! Si de forma directa o indirecta buscamos el bien de los demás, es porque antes hemos pensado y querido el bien y lo hemos deseado. Nada nos gratifica y motiva más que ver a los demás, felices por nuestra causa.

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