1.- Cuando nos llega el amor, todo nuestro ser se siente inundado de alegría y los poros del alma y del cuerpo respiran ese amor. Los ojos (la mirada) son las ventanas del alma y, precisamente, por esa ventana de nuestra alma es por donde mejor y más fácilmente cualquiera puede expresar su amor. A la mirada hay que añadir la expresión del rostro en general y las actitudes positivas, así como los gestos dinámicos y acogedores, que no pueden reprimirse porque nos inundan como una incontenible avalancha de afectos.

2.- Disfruta de la travesía y del paisaje porque tu felicidad no está al extremo del camino, sino que el mismo camino es la causa de tu felicidad.

3.- La sinergia del yo y del tú en perfecta compenetración. "Existes y todo ya naturalmente tiene un sentido".
Cada yo, según piensa, siente, ama, vive y se proyecta, necesita su tú en quien proyectarse, hacerse, motivarse y autorrealizarse. Deben en completa sinergia y compenetración caminar en compañía mutuamente gratificante, libre de miedos y pletóricos de alegría y esperanza.

4.- Todo nuestro hacer nos hace.

5.- Bajo la infinita diversidad de la vida, de todo cuanto existe, subyace la unidad de un espíritu, de una energía que todo lo inunda, penetra y envuelve.

6.- El silencio fecundo de la meditación y la reflexión, la ausencia de juicios de valor y de críticas, estar en frecuente conexión con la naturaleza, percibiendo la interacción de todos los elementos y de todas las fuerzas de la vida bajo el denominador común de la inagotable energía universal que todo lo vivifica, nos llevará inexorablemente desde la comunión directa con la naturaleza al contacto profundo y estrecho con la esencia más íntima del ser, de lo que verdaderamente somos.

7.- Todos somos universos en miniatura, distintos e irrepetibles, con nuestra propia personalidad e individualidad, y formamos parte del universo con mayúscula, del Todo que se rige por el principio del intercambio dinámico, del dar y del recibir.

8.- Cada uno de nosotros teje una hebra en la tela de la creación. Nadie puede tejer esa hebra por nosotros.

9.- La hoja de parra que troceas con tus dedos, los pétalos de la rosa con los que cubres la almohada de tu amada, la hierba verde que hace paso a los senderos por los que caminas, tu cuerpo, el cuerpecillo leve de un pájaro que cabe en el cuenco de tu mano y que picotea en este momento los higos maduros de la higuera… todo, todo, en sus componentes esenciales, no es otra cosa que energía e información, atención e intención…

10.- A la noche le sigue el día, como a la tempestad la calma. Así es la naturaleza y tú formas parte de ella. Por eso, toma conciencia de tus sentimientos y de tus estados anímicos y de cómo alternan los buenos con los regulares y los pésimos. Acepta que las cosas sean así y no te tomes demasiado en serio esas variaciones y alternancias… vivir es cambiar.

11.- En dar está la recompensa… Haz el bien siempre que puedas, en todo lugar y circunstancia y el mismo bien que reportas a los demás te será devuelto con creces. ¿Quién hay ahora mismo cerca de ti que te necesite? Haz el bien primero a quienes tienes más cerca y siempre a cualquiera que se cruce en tu camino…pero sin distinción, sin mirar a quien lo haces, necesariamente.

12.- Lo verdaderamente grande es lo pequeño, lo normal, lo cotidiano, realizado con amor en el tedioso día a día de la existencia, sin esperar a que un hecho heroico nos catapulte a la fama y a la gloria. Precisamente, lo heroico de verdad es el constante buen hacer de lo cotidiano.

13.- Cuenta tu vida por tus sonrisas, no por tus lágrimas.

14.- Son los ojos las ventanas del alma y el espejo en el que se reflejan tus sentimientos, afectos, deseos, inquietudes, dudas, temores… Procura impregnarlos del amor y de la paz que brota de tu interior y abraza a cada semejante cuando le mires y le hables.

15.- Todo tiene su porqué y su para qué en la vida. Nada es al azar. Cada ser, cada persona es singular, pieza única, ser irrepetible con un proyecto, con un propósito existencial, que debe llevar a cabo en beneficio de los demás y para hacer posible el bien, el orden y la armonía universal.

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