96.- Es imprescindible la reflexión serena de la mente, la mirada limpia y profunda que escudriña nuestros afectos, sentimientos y actitudes, a fin de llevar la paz y el equilibrio a nuestro espíritu, proyectando nuestra existencia desde la autenticidad del más puro y noble entendimiento con nosotros mismos. La forma de ver tanto la propia realidad como la realidad de los demás dependerá de la guía interior, que sirva de referencia a nuestras conductas.

97.- Al alcance de la mano, de nuestra mirada, de la fina captatividad e impresionabilidad de todos los sentidos libres, y dispuestas para ser contempladas y disfrutadas en todo su esplendor y belleza, se encuentran bien próximas a nosotros las riquezas y maravillas más rutilantes y de indescriptible valor y hermosura: el día y la noche, la aurora y el crepúsculo, el mar y el desierto, la selva llena de vida y de misterio, los valles y campiñas, las montañas que esconden sus crestas entre las nubes…El mundo entero con todas sus riquezas pertenece a los ojos dispuestos a descubrir, admirar y sentir su belleza, y a las mentes capaces de pensarlas.

98.- Es fundamental aprender el arte de mantenernos siempre con el ánimo equilibrado y la mente serena, con el fin de favorecer y hasta crear el estado de calma psicofísica que haga posible la armonía interior que emana de la conjunción y hermanamiento entre la verdad, la bondad, la espiritualidad y la belleza.

99.- La unidad material y el equilibrio físico que rigen el Universo nos reafirman y confirman en la unidad espiritual y en el necesario equilibrio de la mente y del espíritu de los seres humanos entre sí y, sobre todo, del equilibrio de la unidad interior de cada cual consigo mismo.

100.- Cuando el ser humano toca esa otra orilla del amor y es capaz de sintonizar los latidos de su corazón con los de los demás seres de la creación, percibiéndose como parte activa e integrante del gran corazón del Universo, es cuando esta fuerza se convierte en la más poderosa. Seguramente porque ya ha convertido su vida en amor y ha empezado a comprender que ser para los demás es, sin duda, la forma más sabia, inteligente y práctica de ser para sí mismo.

101.- Conviértete en un sembrador incansable de bondad y de amor y tendrás el secreto de la verdadera felicidad.

102.- La sencillez es compañera de viaje de la humildad, de la autenticidad, de la cercanía y de la verdadera valía.

103.- Somos a la vez permanente cambio y permanencia, y aunque todos vivimos bajo el mismo cielo, cada ser humano tiene su propio horizonte.

104.- Sin solidaridad, la humanidad no tiene futuro, se sabotea a sí misma, se aniquila.

105.- Si no utilizamos la magia de nuestras sonrisas, no tenemos ni idea del bien del que estamos privando y del que privamos a nuestros semejantes. La sonrisa allana los caminos, acerca posturas y activa la empatía y las neuronas espejo.

106.- El universo mismo es el mayor y más evidente ejemplo de grandeza que sigue formándose y evolucionando en ese silencio de las inmensidades y de los siglos callados.

107.- La cortesía y las formas suaves en el trato con los demás solo pueden darse en las personas con una gran firmeza, grandeza, riqueza interior y bondad.

108.- Debemos ser conscientes de la trascendental importancia de estar al mando de nuestras vidas, y de sopesar, calibrar y controlar lo que pensamos, sentimos y hacemos.

109.- En la autoestima, que es el motor de la persona, tienen un peso específico determinante la autoconfianza y la fe en uno mismo y en las propias posibilidades.

110.- La grandeza de espíritu se demuestra, por encima de todo, en la facilidad para amar y perdonar en el día a día.

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