Compartir nuestros problemas sin avergonzarnos para salir adelante

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Hola a tod@s, os escribo este email desde Bilbao, para poder transmitiros mi testimonio y en primer lugar agradeceros enormemente vuestra Web y el blog, ya que os puedo asegurar que me han dado mucha luz y esperanza en estas últimas semanas.

Tengo 36 años, estoy casado, tengo 2 hijos maravillosos y dirijo desde hace 7 años una empresa que da trabajo a más de 100 personas, y ningún problema físico. Es decir, a priori una vida acomodada y feliz. Siempre he sido una persona un poco obsesiva, que de pequeño se preocupaba mucho por las depresiones de mi madre, que mi padre llegara sano de trabajar, etc., y que en la juventud se tradujo en que me refugiara bastante en el alcohol y en sensaciones extrañas como miedo excesivo a las alturas, a perder el control, a hacer daño a la gente, pero de forma tan leve que no condicionaban mi vida diaria ni mis actos.

Sin embargo, hace más de un año, y coincidiendo con una crisis seria dentro de nuestra empresa, comencé a tener pensamientos de preocupación cada vez más intensos que derivaron en algo horrible, como fue el pensar que podía perder el control y hacer algo a mis hijos, a los cuales quiero con locura. Lo que en un principio fue algo pasajero y puntual, se tornó en una rumiación interna casi permanente, que me provocaba un dolor y un sentimiento de culpa constante y de una gran intensidad.
Obviamente yo era consciente de que aquello que pensaba era completamente opuesto a mis sentimientos y a la realidad, pero cuanto más luchaba por eliminarlos más se intensificaban e incluso se extrapolaban a mi mujer, a mis compañeros del trabajo, en el gimnasio, etc., con lo cual, como podéis imaginar la calidad de vida era bastante baja, y frecuentemente lloraba frustrado en soledad por lo que me pasaba, ya que no conseguía entenderlo.
Era tal mi desesperación que acudí a un psicólogo hace unos 5 meses y la vergüenza de mis pensamientos me ha impedido contarle toda la verdad de mi problema hasta hace un par de semanas, centrándome en que mis problemas podían provenir de otros asuntos. Pero ha sido a raíz de encontrar testimonios similares, y de generar una labor importante de aceptación de esos pensamientos como algo irracional, en lugar de enfrentarme a ellos entrando en debates y autorreproches internos que no conducen a nada, cuando puedo decir a día de hoy, que estoy encontrando la paz.
También, puedo añadir que este sufrimiento me ha servido para definir el sentido de vida y centrarme en las pequeñas cosas que le dan valor (el sol en mi cara, el canto de un pájaro, leer un cuento a mis niños, poder ayudar a los demás...) En fin, creo que se puede ser feliz, en el momento que se aprende a convivir con este problema en lugar de luchar contra él.
Cuando dejamos de avergonzarnos de nuestro dolor y lo compartimos con nuestros seres queridos, es cuando nos damos cuenta de lo maravillosa que es la vida, y de que no debemos desperdiciar ni un sólo día, ni un solo minuto. Espero de todo corazón que si alguien se encuentra en una situación similar pueda verse apoyado por mi experiencia, y por supuesto, quedo a la espera de cualquier sugerencia o aportación que me podáis realizar.

Un fuerte abrazo y gracias de nuevo por vuestra excelente labor,

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